Breve vuelta al mundo real

Estar en La Nao es como vivir en otro mundo. De alguna manera, la historia que cuenta este buque escuela impregna sus cuadernas y, por ende, a todo el que entra a formar parte, aunque sea por un corto periodo de tiempo, de la tripulación que navega para que precisamente ese relato, no caiga en el olvido.

El día a día en la réplica exacta del primer barco que dio la vuelta al mundo está exento de comodidades cotidianas pero esto, lejos de convertirse en un problema, forma parte de su encanto. Es su modo de vincularte con la vida de a los que aquí se rinde homenaje. Su estrategia para sacarte de ese “mundo real” en el que habitualmente transitas y de enseñarte que otra forma de convivir, de sobrevivir y de revivir experiencias pasadas es posible.

En estos días, cual protagonista de anuncio de turrones, he vuelto a casa. Un regreso a la “civilización”, por decirlo de alguna manera, en la que incompresiblemente todo te parece nuevo. Empezando por sentirte, en un tren lleno de gente, como una extraña que no pertenece a ese ambiente de perfumes y eyelines impolutamente ejecutados, que contrastan inevitablemente con unas uñas enlutadas sin remedio.

Pero, poco a poco, lo acogedor de regresar a la tierra que te ha visto crecer te vuelve a vincular con lo cotidiano y la alegría de familiares y amigos al sorprenderles tu llegada no se pagaría ni con todos los “tesoros piratas” del mundo.

En tu reubicación casera, recuerdas que los marineros que descubrieron el estrecho de Magallanes no contaban entre el mobiliario de su casa en el mar con respaldos de sillas, como era de esperar. Descubrir el placer de reposar la espalda en tu sofá, después de casi un mes, es un lujo escondido en los rincones de tu hogar, tras la monotonía.

Este es sólo un ejemplo de las múltiples acciones habituales que la alargada sombra de este buque escuela es capaz de engrandecer. Sombra tan amplia como la distancia que te separe de él porque, como el amor odio de un tango de Gardel, bastan unos días de ausencia del responsable de tus hastíos para que lo malo se vuelva excusable y lo bueno, maravilloso.

Por a gusto que estés con los tuyos, el recuerdo de que esta experiencia tiene fecha de caducidad viene a visitarte y las sirenas escondidas en el casco de la Nao Victoria te atraen con su canto para que, de nuevo, se te pueda definir bajo el título de tripulante.tripulacion_Nao_victoria_garrucha

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