A bordo de la Nao Victoria

Por Ángel Espínola

Proa de la Nao Victoria. Foto de Ángel Montalbán

Viajar en la Nao Victoria es hacerlo, literalmente, en un museo. Duermes cada noche bajo el peso de una historia que se remonta cinco siglos atrás, cuando Magallanes al inicio, y Juan Sebastián Elcano en las últimas travesías, culminaron la primera vuelta al mundo. La Nao, una nave de 25,90 metros de eslora máxima, es como una desconocida que te atrapa en la primera cita. Bastan unas horas sobre la cubierta para sentirte parte de su legado: florece una barba leonina, se ennegrecen pies y manos, la palabra intimidad desaparece de tu vocabulario, y serías capaz de defender a cuchillo cada uno de sus cabos. Fulminantemente, tus pulmones necesitan de brisa de mar para funcionar y en tierra extrañas el balanceo eterno del casco.

Cada palmo de sus maderas de roble y pino aguardan infinidad de aventuras: entre 2004 y 2006 la Nao, la misma desde la que se escriben estas palabras, rememoró la hazaña de Magallanes y los suyos, dando una vuelta al mundo en condiciones similares a las de 1522, en un proyecto que se prolongó durante dos años.

Hoy día, la embarcación muestra un aspecto externo magnífico, aunque la vida a bordo sigue contando con numerosas dificultades, que iremos desgranando poco a poco y con detalles que os dejarán boquiabiertos.

Este verano, la tripulación se compone de tres cocineros: Miguel, David y Joan; un técnico de máquinas: Lluis, una marinera: Cristina, un marinero con alma de capitán: Mario; una arquitecta y arqueóloga: Laura, un fotógrafo: Ángel, dos periodistas: Lorena y Ángel;  el contramaestre José Gutiérrez y el capitán Pedro Pablo. Personas jóvenes en su mayoría, con ilusión y ganas de aprender que iremos conociendo en este espacio.

En los próximos meses, el museo ambulante que es la Nao echará amarras en puertos del Mediterráneo, surcando los mares con su particular pinzote, para llevar a los ciudadanos la historia viva de una vuelta al mundo que certificó la redondez de la tierra, trajo hasta Europa las especias, y plasmó una página brillante de la marinería mundial.

Si quieren conocer cómo se convive a bordo de la Nao, qué les acontecen a sus tripulantes y en qué puertos podrá visitarse, no dejen de pasar por este blog. Súbanse con nosotros a este museo. Formen parte de la Nao Victoria.

Parte de la tripulación de la Nao.

Parte de la tripulación de la Nao.

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Un pensamiento en “A bordo de la Nao Victoria

  1. Marc Roldan dice:

    Vaya desde cuando hay mujeres en la nao? jejeje….me parece muy bien…deseo que disfruteis de la experiencia como lo hice yo….en enero y febrero cuando pusimos a flote la nao y fuimos hasta sagres

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