Nao Experience. Mi última pregunta. Vol. VII

David lanza una pregunta a Joan

¿Ves tu vida relacionada en un futuro con la mar?

Anuncios

Entrevista a la marinera de la Nao Victoria. Cristina López

Entrevista realizada durante nuestra estancia en Garrucha. Cristina López nos cuenta su experiencia en la Nao Victoria y cómo es eso de vivir con una familia tan grande en un espacio reducido. Ejemplo de mujer luchadora y aventurera, deja patente que el género no es cuestión para formar parte de esta embarcación histórica.

La Nao Victoria se despide de Garrucha

Por Ángel Espínola.

IMG_9300-EditarSe va la Nao Victoria de Garrucha, vira su proa en busca de otros acentos que la halaguen. Por su cubierta asoman las manos nostálgicas de sus tripulantes. Dicen adiós a un pueblo que parecía fantasma en los mapas, pero que, quizás sin pretenderlo, ha sellado su sino en el alma de doce personas.

A priori, Garrucha es un pueblo impersonal, con escasos monumentos y bares por doquier. El turismo es principio y final de su actividad y las playas distan de ganarse el apelativo de paradisíacas. Sin embargo, navegando en sus entrañas podemos encontrar una Garrucha acogedora, sensible, una población que ha tratado a la Nao Victoria como si fuese propia.

Nunca apartaban la sonrisa los abuelitos del bar del Hogar del Pensionista, ni tampoco el dependiente del Poing, que organiza fiestas de cumpleaños en el pueblo. Los tripulantes también disfrutamos de las buenas tapas del Bounty o de un magnífico arroz en el Altamar.

No faltó la diversión en el circuito de karts, la bolera o las atracciones de la feria veraniega de Garrucha. El hermoso castillo que acoge el Nautarum, por su parte, nos hizo sentirnos hermanos de dos museos marítimos, cada uno a su manera.

El trenecito turístico, la biblioteca, la yogurtería Yogie, las fiestas de pueblos cercanos como Mojácar, Vera o Villaricos, y, sobretodo, las noches interminables en el De Cuba Son, donde se han fraguado muchas amistades, han copado el tiempo de asueto de unos jóvenes que ahora regresan a la mar, en busca de nuevas aventuras.

La Nao llegó a Garrucha con toda su ilusión, y sus habitantes y turistas respondieron acudiendo en masa a  visitar nuestro hogar y conocer su espectacular historia: abuelos valientes subiendo la escala de acceso al barco, madres impresionadas por la belleza de la Victoria iluminada en la noche, niños impacientes por entrar en el ‘barco pirata’. Un pueblo en el que hemos estado amarrados más de un mes, tiempo suficiente como para que Garrucha haya grabado su nombre en la historia de la Nao Victoria y en la de sus tripulantes.

Hasta pronto.